
Han pasado mas de dos años desde que murió mi hermano Walt, pero su influencia subsiste como una presencia viva en el estudio de California donde produjo las cintas de dibujos animados, las películas sobre la naturaleza y los filmes de largo metraje que hicieron de el un personaje conocido y estimado de todo el mundo.
No hace mucho estábamos reunidos en nuestro estudio de California varios de nuestros dibujantes y escritores, discutiendo el argumento de un nuevo filme de disney. Les resultaba difícil ponerse de acuerdo en la trama y la atmósfera de la sala era tan tempestuosa como el tiempo que hacia fuera. De pronto, un relámpago trazo una línea quebrada sobre el cielo y se oyó el retumbar del trueno.
-no te preocupes, Walt- dijo bromeando uno de los dibujantes, tras lanzar una mirada al cielo- pronto saldremos del paso.
Aun ahora, cuando recorro los terrenos del estudio, casi espero encontrarme en cualquier momento con la figura larguirucha y de muchacho campesino de mi hermano menor, con la cabeza inclinada, meditando acerca de algún nuevo proyecto. A tal punto era Walt la fuerza motriz que impulsaba cuanto hacíamos, desde el rodaje de películas hasta la construcción de disneylandia, que la gente todavía mencionaba su nombre a cada paso como si el viviera aun. Cada vez que se estrenamos una película o inauguramos alguna nueva atracción en Disneylandia, es seguro que alguien dirá:
- Le gustaría a Walt?
Y entonces comprendo que, por lo general, se trata de algo que Walt mismo había proyectado. Pues mi imaginativo y laborioso hermano dejo en marcha bastantes proyectos como para mantenernos ocupados a todos durante otros 20 años.
Walt era un hombre muy complejo. Para los escritores, productores y dibujantes que trabajábamos con el, era un genio poseedor de un don misterioso que le permitía agregar cierto toque imaginativo especial a cualquier argumento o idea. Para los millones de personas que aun ven sus programas de televisión, era un hombre bueno y afectuoso que llevaba la alegría y el placer a sus hogares. A los ojos de los banqueros que financiaban nuestras actividades, estoy seguro de que era un loco, que corría derecho a la quiebra. Para mi, era mi asombroso hermano meno, lleno de sueños irrealizables que el convertía en realidad.